22 jul 2016

Con fecha de caducidad

Las distancias entre nuestros cuerpos eran cuantificados, la certeza entre nuestras razones y sentimientos eran simples enigmas entre conciencias, poco a poco me alejé del camino que había ido construyendo y, en ese mismo lugar donde llegamos, nos fuimos perdiendo hasta ser un par de desconocidos que solíamos coincidir en la calle y en la misma ciudad.
Te fuiste tú, y por lo consiguiente me desvanecí en tu recuerdo, mantuve la calma, mi cordura se fue desbordando en los bares y cafeterías donde trataba de ahogar tus fantasmas, esos que habías dejado marcados en mi piel.
Claro que no lo conseguí, seguías ahí, a un costado de mi estabilidad, a unos centímetros de hacerme caer por el vacío y volver a ti, el lugar frío y desconocido que los dos hicimos que se convirtiera en un campo de guerra en lugar de ser nuestro planeta. El lugar donde tantas veces dijimos que existíamos las dos.
Se fue, desaparecimos, nos hicimos volátiles, cuerpos incansables, utopías que solo existían en el universo, sensaciones difíciles de escribir e imposibles de sentir.
La distancia nos venció, el tiempo se canceló, nuestros sentimientos al parecer tenían fecha de caducidad y entre ellos nos fuimos esfumando con cada calada de cigarrillo, como si fuera el destino que quisiera arrebatarnos la razón de vivir.

19 jul 2016

Sé dónde tocar para meterte cualquiera de mis manos

bajo tu piel.

Sé palparte hasta dar con el punto exacto,

sé rozarte los muslos hasta la ingle... 
Pero y qué 
si sé morder

las venas de tu cuello.
Sé meterme en tus ojos mientras con una mano tanteo

las mayores intimidades

de tu cuerpo.

Sé de orgasmos

que revuelven,

sé de orgasmos que tensan

y sé de orgasmos que permanecen en tus piernas

(cuando me he ido).
Sé arrastrarme a la altura de tus ojos,

rompiendo todas las distancia de seguridad

que nos habíamos impuesto.

Y te puedo prometer poco más

que un puñado de poemas y de orgasmos

que tiñan las calles de Sevilla.

Y puede que me asuste

abrirte el corazón demasiado pronto,
hacerte un sitio que no llegues a llenar.
Pero sé qué hacer encima de ti

y sé dilatarte a convulsiones que te retuerzan las tripas

más que cualquier palabra.

Amor propio

Lo cierto es que funcionaste de puta madre como bombona de oxígeno, como chaleco salvavidas, como chute de adrenalina cuando no veía cómo mi fuerza de voluntad y coraje se evaporaban lenta y dolorosamente. 
Consciente de ello, ahora te puedo admitir que también estuvo de puta madre enamorarme al principio (y no digo de ti). En aquellos momentos en los que parecía que todo iba a salir bien si arropabas mi pesimismo y mi energía negativa con tu fe ciega en mi lúcido futuro. 
Pero no estaría siendo honesta si siguiera admitiendo al mundo que me enamoré de ti. He necesitado meses para darme cuenta de que me enamoré del contexto de nuestra historia. Me enamoré de que vinieras a salvarme, de que fueras el único que soportó de aquella forma mis desaires. En tales circunstancias fue muy fácil dejarte entrar en el caos que era mi vida; tan fácil como dejar que me salvaras, evitando hacerlo yo, por y para mí. 
Tenía miedo de perderte únicamente porque creía que sin ti el mundo volvería a desmoronarse pero cada día que pasaba contigo era como tirar piedras sobre mis capacidades.
Si le quitas el flotador a alguien que no sabe nadar, pueden suceder dos cosas: que se ahogue, o que aprenda a nadar intuitivamente. 
Por entonces, creí que solo existía una opción. Ahora entiendo que yo soy la opción, salida, meta y artífice único de mis decisiones y de mi felicidad.
Pueden llamarlo egoísmo; yo le llamo amor propio. 

Lágrimas, sudor y mar

Ya huele a mar
y los versos se nos llenan de sal
entre las manos... 

Ya huele el rumor del cielo
que dice que se te ve mejor
entre las nubes...

Acaricia la arena
entóname a mí...

Soy tu pequeña nube gris
(dijiste que no todo era blanco o negro)

Oxígeno

Te pueden romper pero no matar
aunque a veces olvides qué es vivir, 
latir, 
y te limites a bombear.
Te pueden parar el tiempo
pero no el corazón.
Te pueden diluviar la vida
pero recuerda: 
el SOL 
lo pones tú. 
Solo que somos estúpidos, 
y creemos que necesitamos girar en torno a alguien 
sin saber que ese alguien somos nosotros mismos. 
Tú.
Brillas. 
Y no todo el mundo sabe verlo.