24 sept 2016

Me aferro a la posibilidad

Me gustaría decirte, aquí desde donde existo, que ya no tengo nada que perder porque hace meses que me he ido.



Me gustaría decirte que lo siento, siento desazón en las entrañas, un vacío en el pecho, el nudo en la garganta donde te columpiabas, un disparo en la sien, una parada cardíaca. Siento a la vez cómo te amo con todo mi cuerpo... 


Si no supiera quién soy, nunca estaría si no es contigo. Te amo ahora, desde donde existo, con toda la angustia de abrazar cada noche a la certeza de no tenerte a mi lado. 


Me gustaría decirte que desde que ya no muero por ti, vivo menos cada segundo. Nunca te lo dije, pero cómo me hubiera gustado besarte con aquella canción de fondo, ésa que habla de la vida como si hubiera visto reírte.


Al parecer estoy escribiendo esto por si fuera mi última carta, una de tantas que te he escrito y tú nunca has leído, con el propósito de decirte todo lo que ya te dije con miradas y nunca supe hacerlo con palabras. Lo cierto es que te quiero. Te quiero como no va a saber hacerlo nadie, porque nadie es tan desastre como el mío. Te quiero con todos y cada uno de los poros de mi cuerpo, con cada centímetro de la piel que nunca quedará impregnada de ti. Te quiero como ahora tú querrás a otra, con la misma calma, con la misma saliva que me atraganta. Te quiero a pulmón abierto, con los ojos cerrados, como se ama la primera vez que te roban un beso. Te quiero, ahora que me haces perder el tiempo mirando una pantalla, imaginando que algo cambia en esa conversación donde ya no dices nada que pueda creerme, porque todo me hace dudar. He visto más de cien veces cómo desaparecía la única luz que iluminaba nuestros cuerpos. Pero no he venido a contarte esto, por si esta fuera mi última carta:


No hay tanto espacio para tanto olvido.


Te he querido.


Te he amado desesperadamente cuando estuve contigo.


Ahora, desde aquí, desde donde existo, me quiero desvanecer con un adiós sin hasta pronto, me quiero diluir entre tu recuerdo, quiero despertar y no volver a dormir nunca sobre un sueño.


Te quiero.


Te amo desesperadamente ahora que no estoy conmigo.


Jamás sabré explicarte lo que hacías con mi vida.

9 sept 2016

Un corazón a solas hablando de amor con las paredes

"Quien de verdad nos quiera, que nos espere". Y volvía a dibujar una sonrisa justo antes de dormir. 
Aunque siempre pasa que hay noches de menos, de echar me refiero. No está la mano que acaricie su espalda para romper el silencio allí dentro. Y falta. Y yo lo entiendo. Esa mirada que se queda un rato más a escucharte, a romperte el silencio robando todas las risas que le estaban esperando. Esa voz que te mira a los ojos y suspira. Ese suspiro que habla con los ojos. Quien pudiendo huir se queda dormido contigo, y lo hace sonriendo.
Y se arriesga a ti, con tu locura y todos tus miedos. Porque sí. Porque le gusta cómo rompes con la calma. O cómo saben tus manos en su pecho. Cómo huele tu risa en su espalda. Cómo vuela su tiempo cuando se junta con el tuyo. Se echa en falta. Y que su boca te eche de menos, y te busque hasta cuando estás lejos. Que no diga "te quiero" y rebose motivos para hacerlo. Que te quiera con todas las palabras que no se dicen porque otras hacen eco. Y no te diga lo guapa que estás porque sus ojos ya te han sonreído, y no te quitan la sonrisa de encima. Y que siempre elija vida. Que su lado absurdo envuelva tu cordura entre cosquillas, y viceversa. Y sea locura. 
Que sueñe tan alto como ella. Y sonría aún más fuerte. Volver a hablar con las paredes para decirles que vuelves a echar de menos. Pero esta vez, es a él.