Sé dónde tocar para meterte cualquiera de mis manos
bajo tu piel.
Sé palparte hasta dar con el punto exacto,
sé rozarte los muslos hasta la ingle...
Pero y qué
si sé morder
las venas de tu cuello.
Sé meterme en tus ojos mientras con una mano tanteo
las mayores intimidades
de tu cuerpo.
Sé de orgasmos
que revuelven,
sé de orgasmos que tensan
y sé de orgasmos que permanecen en tus piernas
(cuando me he ido).
Sé arrastrarme a la altura de tus ojos,
rompiendo todas las distancia de seguridad
que nos habíamos impuesto.
Y te puedo prometer poco más
que un puñado de poemas y de orgasmos
que tiñan las calles de Sevilla.
Y puede que me asuste
abrirte el corazón demasiado pronto,
hacerte un sitio que no llegues a llenar.
Pero sé qué hacer encima de ti
y sé dilatarte a convulsiones que te retuerzan las tripas
más que cualquier palabra.
No hay comentarios :
Publicar un comentario