19 jul 2016

Amor propio

Lo cierto es que funcionaste de puta madre como bombona de oxígeno, como chaleco salvavidas, como chute de adrenalina cuando no veía cómo mi fuerza de voluntad y coraje se evaporaban lenta y dolorosamente. 
Consciente de ello, ahora te puedo admitir que también estuvo de puta madre enamorarme al principio (y no digo de ti). En aquellos momentos en los que parecía que todo iba a salir bien si arropabas mi pesimismo y mi energía negativa con tu fe ciega en mi lúcido futuro. 
Pero no estaría siendo honesta si siguiera admitiendo al mundo que me enamoré de ti. He necesitado meses para darme cuenta de que me enamoré del contexto de nuestra historia. Me enamoré de que vinieras a salvarme, de que fueras el único que soportó de aquella forma mis desaires. En tales circunstancias fue muy fácil dejarte entrar en el caos que era mi vida; tan fácil como dejar que me salvaras, evitando hacerlo yo, por y para mí. 
Tenía miedo de perderte únicamente porque creía que sin ti el mundo volvería a desmoronarse pero cada día que pasaba contigo era como tirar piedras sobre mis capacidades.
Si le quitas el flotador a alguien que no sabe nadar, pueden suceder dos cosas: que se ahogue, o que aprenda a nadar intuitivamente. 
Por entonces, creí que solo existía una opción. Ahora entiendo que yo soy la opción, salida, meta y artífice único de mis decisiones y de mi felicidad.
Pueden llamarlo egoísmo; yo le llamo amor propio. 

No hay comentarios :

Publicar un comentario