22 jul 2016

Con fecha de caducidad

Las distancias entre nuestros cuerpos eran cuantificados, la certeza entre nuestras razones y sentimientos eran simples enigmas entre conciencias, poco a poco me alejé del camino que había ido construyendo y, en ese mismo lugar donde llegamos, nos fuimos perdiendo hasta ser un par de desconocidos que solíamos coincidir en la calle y en la misma ciudad.
Te fuiste tú, y por lo consiguiente me desvanecí en tu recuerdo, mantuve la calma, mi cordura se fue desbordando en los bares y cafeterías donde trataba de ahogar tus fantasmas, esos que habías dejado marcados en mi piel.
Claro que no lo conseguí, seguías ahí, a un costado de mi estabilidad, a unos centímetros de hacerme caer por el vacío y volver a ti, el lugar frío y desconocido que los dos hicimos que se convirtiera en un campo de guerra en lugar de ser nuestro planeta. El lugar donde tantas veces dijimos que existíamos las dos.
Se fue, desaparecimos, nos hicimos volátiles, cuerpos incansables, utopías que solo existían en el universo, sensaciones difíciles de escribir e imposibles de sentir.
La distancia nos venció, el tiempo se canceló, nuestros sentimientos al parecer tenían fecha de caducidad y entre ellos nos fuimos esfumando con cada calada de cigarrillo, como si fuera el destino que quisiera arrebatarnos la razón de vivir.

No hay comentarios :

Publicar un comentario