Recuerdas una y otra vez el momento en el que saliste de allí, cómo se cerró la puerta y eso te impidió decir lo que sentías. Ahora lo guardas dentro y te consume.
Te consume porque nunca sirve llorar, nunca sirve disimular y en este caso no sirve odiarle ni tampoco pensar. Ojalá sí.
Le dirías que fuiste tú la que elegiste que todo pasara y que se podría haber evitado. Pero no pensaste en las consecuencias. Y te arrepientes. Aunque dijiste que no solías hacerlo. Aunque después de bajar esperaste en el sofá de ese portal. Tan cómodo y tú tan vacía. Te planteaste subir y decirle que olvidara las últimas diez horas.
Pero te fuiste. No hiciste nada por sentir tanto. Y sin embargo, volverías.
Era sábado.
No hay comentarios :
Publicar un comentario