Pierdo la cuenta de las mentiras que dije, solo por hacer un poco más feliz a la gente que me rodeaba. Pierdo la cuenta de las veces que actué de forma grosera conociendo a alguien, solo por no arriesgarme a cogerle cariño y que pudiera hacerme daño.
He recopilado abrazos, besos, sonrisas y lágrimas de tantísimas personas que a día de hoy no tengo a mi lado. He experimentado la decepción incluso con aquellos que prometían y cumplían. O mejor dicho, que cumplieron hasta cierto punto. Luego llega un vacío, una lene separación entre dos personas que dicen quererse. Por cualquier circunstancia se alejan, se olvidan, y ninguno de los dos es capaz de tragarse su orgullo y volver. Por tanto, si se separan no se necesitan. Si terminan separándose es porque pueden enfrentarse a la vida sin esa otra persona. O tal vez aprenden a sobrevivir cubriendo ese hueco con otras piedras. Sea como sea, nadie necesita a nadie, y todos somos completamente reemplazables.
6 dic 2015
Cuando dudo, me alejo
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