3 nov 2015

Tic, tac

Hasta este momento he estado pensando que los martes no eran mi día. Parecía que, hiciese lo que hiciese, salía un día malo. Pero no.
He llegado a la conclusión de que cada día es lo que tú hagas de él, y que todo lo logrado dependerá de la actitud que tengas. Podría compararlo con un espejo, porque obtienes el mejor resultado cuando te observas en él y sonríes. A la vida, a los problemas y a las soluciones, incluso si no las hay. A las personas que te rodean, tanto a las que muchas veces consiguen que un día gris se pinte de color rosa, como a las que hacen que te llueva encima y se quedan mirando desde su paraguas mientras tú te mojas. 
Así que aunque te cueste, saca tu sonrisa. Sácala si te levantaste sin motivo alguno para hacerlo, sácala si hiciste una mala gestión de tus expectativas con quien no debías, o si crees que la correspondencia entre personas no existe contigo. Porque no es que lo mejor tarde en llegar, no son tampoco buenas ni malas rachas, simplemente las cosas no funcionan siempre como tú querrías que lo hicieran, y hay que aceptarlo. 
"Mañana no habrá aire; mañana, nunca más, no habrá agua". 
¿Qué harías si te dijeran algo así? ¿Te pararías a pensar en todo el tiempo que desperdiciaste dándole vueltas a lo que no pudiste tener? ¿O disfrutarías de lo que en realidad debería haberte importado?

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