Hoy no es mi día, a lo mejor tampoco ayer, ni cuántos podría decirte ya. No voy a empezar esto así, tan solo con negaciones, y voy a ir a la herida directamente, que es donde duele.
No la veo, pero puedo sentirla. En carne viva.
Con el mero roce escuece; lo único que pienso es que todas cicatrizan.
Pero para qué hostias quiero que cicatrice si lo que querría es no haberme caído.
O a lo mejor me han tirado.
No culpo a nadie, porque también fui yo la que elegí subirme a la misma moto, y aunque veía cómo aceleraba yendo por el carril de la izquierda, no quise parar. Porque me hacía sentir viva, porque me estaba llenando, llenando de jodida felicidad. Pasajera.
Tengo apuntado en el calendario el día uno de octubre con un emoticono de un cohete.
Si un cohete significa
(la cerveza a la que) te quise (invitar),
si un cohete significa
(los trenes que te hice) perder,
sí, hacía tiempo que no creía en algo de verdad.
Y bueno, yo misma he visto,
que ni todos los cohetes llegan a la luna
ni nadie debe probar a quitarse la costra
cuando debajo todavía hay sangre,
porque salpica
que tampoco los martes trece son malos por ese estereotipo que la sociedad ha fijado
pero sí lo llegan a ser si el cúmulo de mierda llega a la cúspide ese día.
Aquí está mi vaso, lleno de mentiras, o de verdades a medias, de ilusiones, futuras decepciones, errores, de personas adecuadas en momentos equivocados, y de noches en vela sintiéndome náufrago con mis pensamientos.
'Todo irá bien'.Claro que estaré bien, pero hoy por hoy,
solo quiero un abrazo
que me llene tanto como cuando subí las escaleras mecánicas de la estación
después de darme ese beso, ese día
que me haga no seguir arrepintiéndome de haberme acercado a ti
y que cierre todo esto en mi mente,
in pacem
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